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En un lugar de la Ribera del duero

El reconocimiento de esta Denominación de Origen a través de sus casi 40 años de historia ha llegado de la mano de la viña burgalesa y vallisoletana. Hoy, en la porción de “Ribera soriana” hay un interés creciente por crear un vino diferente con el fruto de una vid única.


Es la tierra de Soria árida y fría. Así comienza Antonio Machado su poema Campos de Soria. En él, el poeta sevillano describe con amorosa precisión un paisaje austero, riguroso, del que la vida brota tímida y frágil, pero auténtica e inimitable. Las tierras labrantías, los chopos, los plomizos peñascales, los zarzales florecidos y las violetas perfumadas, las encinas, los álamos, el Moncayo nevado y el Duero. El río más vitícola de la Península no se podía olvidar de una tierra como la soriana para cuidar de un puñado de viñas excepcionales que se mimetizan con ella en los meses en los que la vida hiberna y pincelan con sus brotes el color pardo de colinas y estratégicas laderas. No podía ser que ignorara unas cepas que llenaron hace décadas los pequeños lagares de las casas para que el lugareño y su familia pudiera beber buen vino después de una exigente jornada en el campo en la que “[…] un hombre que se inclina hacia la tierra, y una mujer que en las abiertas zanjas arroja las semillas […]”.
Hasta el más profano en cuestiones vinícolas sabe que existe una Denominación de Origen cuyo nombre, Ribera del Duero, ha colonizado desde hace casi 40 años las barras de los bares, cartas de restaurantes y lineales de tiendas. Es más, es posible que nombres de pueblos como Peñafiel, Aranda de Duero o Pesquera los asociemos sin pensar a localidades eminentemente vinícolas. Esta realidad, beneficiosa sin duda para el cogollo de municipios que comprenden la Ribera del Duero vallisoletana y burgalesa, aglutina alrededor del 95% del conjunto de viñedo de toda la D.O. Pero el Duero antes de llegar a estas dos provincias tiene que recorrer los campos sorianos, donde la viña también se asentó en su momento en un atomizado régimen de minifundio. Allí sobrevive ese escaso 5% de cepas salpicadas que tanto interés está generando. Productores pequeños, aventureros de la viña, viñadores autóctonos y exploradores incansables son algunos de los adjetivos que se pueden aplicar a los que encabezan los proyectos que, asentados en los últimos 20 años, han despertado una fascinación sin precedentes por parte de prescriptores y público en general.
Algo tendrá esta parte de la Ribera para que sea tan atractiva, y eso es lo que nos hemos propuesto desvelar a través de interesantes conversaciones con algunos de los protagonistas que mejor conocen este encantador lugar, inspirador de mil y un artistas que encontraron aquí su musa más fiel. (pinchar en el título para leer artículo completo)

 

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